Por Manuel Contreras, Doctor en Medicina Veterinaria, Máster en Ciencias, Diplomado por la ACPV

La contaminación por micotoxinas en los piensos avícolas es un problema persistente en la producción comercial en todo el mundo. Entre los diversos grupos de micotoxinas, las toxinas de Fusarium han ganado cada vez más atención en las últimas décadas, no solo por su presencia generalizada en los cereales de uso común, sino también por su capacidad para interactuar con otras toxinas y amplificar sus efectos. Comprender qué toxinas de Fusarium son realmente relevantes en las aves de corral, cómo identificarlas y cómo seleccionar y evaluar estrategias de control eficaces es esencial para cualquier profesional de la salud avícola. Este artículo ofrece una visión general práctica de las principales toxinas de Fusarium que afectan a las aves de corral comerciales, las herramientas disponibles para su detección y los criterios para elegir y validar los aditivos. 

El grupo de micotoxinas Fusarium incluye la zearalenona (ZEA) y la fumonisina (FUM). Durante décadas, ambas toxinas se consideraron irrelevantes en cierta medida en las aves de corral comerciales, pero ahora se evalúan constantemente en los análisis de piensos y se consideran micotoxinas importantes que afectan al rendimiento. En el caso de la ZEA, a pesar de estar presente con frecuencia en los cereales y utilizarse como marcador de otras micotoxinas, los informes científicos y de campo indican que no es muy tóxica ni en los pollos de engorde ni en las gallinas. La situación con la FUM es diferente, ya que la mayor parte del maíz producido a nivel mundial muestra su presencia. En el maíz cosechado en Estados Unidos, Argentina y Brasil, es habitual detectar niveles de 1500 a 4000 ppb de FUM. Como resultado, muchos clínicos están diagnosticando micotoxicosis causada por FUM en casos en los que el agente etiológico es completamente diferente. La hepatitis por cuerpos de inclusión (IBH), por ejemplo, se diagnostica con frecuencia erróneamente como micotoxicosis. 

Dentro de las toxinas de Fusarium, existe otra clasificación denominada tricotecenos, caracterizada por una estructura química similar, que representa otro grupo importante que afecta al rendimiento y causa lesiones macroscópicas específicas. Las toxinas T-2, DAS (diacetoxiscirpenol) y vomitoxina/DON son las más relevantes. Las lesiones orales causadas por la toxina T-2 y el DAS se identifican fácilmente como un signo de micotoxicosis en las granjas avícolas. En el caso de la DON, es más difícil identificar lesiones macroscópicas típicas, aunque varios artículos científicos informan de daños microscópicos en la integridad intestinal. Algo ampliamente aceptado por la comunidad científica es que la presencia de toxinas de Fusarium potencia significativamente el daño causado por micotoxinas tradicionalmente reconocidas como más tóxicas, como la aflatoxina, la ocratoxina y la toxina T-2. 

Determinación de las micotoxinas que causan daños en la producción avícola

Determinar qué micotoxinas causan daños es, idealmente, uno de los primeros pasos a considerar antes de elegir un aditivo antimicotoxinas. La identificación de lesiones características facilita esta tarea, ya que la mayoría de las micotoxinas afectan a órganos específicos. Por ejemplo, la toxina T-2, HT-2 o DAS pueden producir úlceras bucales, a diferencia de la aflatoxina, que afecta al hígado y/o provoca hematomas en la piel y los músculos. En condiciones comerciales, la mayoría de las empresas deciden qué producto incluir después de evaluar los análisis de las fábricas de piensos y, en algunos casos, los informes de efectos negativos sobre el rendimiento. En el caso de las explotaciones que pueden identificar qué micotoxinas están afectando a su rebaño mediante evaluaciones macroscópicas o histopatológicas, esta información les permite seleccionar productos con eficacia probada contra las toxinas específicas presentes. Dado que generalmente hay más de una micotoxina presente en la ración, a veces es necesario combinar dos tipos de aglutinantes de micotoxinas para lograr un espectro de protección más amplio. 

Aunque las pruebas de micotoxinas en los piensos son una forma muy práctica de averiguar cuáles están presentes, esta herramienta tiene ciertas limitaciones. Los resultados pueden variar debido a la distribución desigual de las micotoxinas en las muestras analizadas, independientemente de la técnica de laboratorio utilizada, ya sean pruebas simples como ELISA (bien conocida por su limitada sensibilidad) o métodos más sofisticados como HPLC (cromatografía líquida de alta resolución) o LC-MS/MS (cromatografía líquida-espectrometría de masas en tándem). 

Soluciones anti-micotoxinas

A lo largo de los años, se han desarrollado diversos aditivos alimentarios anti micotoxinas, entre los que se incluyen los siguientes: 

Las arcillas tradicionales representan la primera generación de productos desarrollados para el control de las aflatoxinas. Algunas arcillas pueden adsorber otras micotoxinas además de las aflatoxinas, pero su espectro de acción no es tan amplio como el de las arcillas purificadas. 

Las arcillas purificadas se modifican y activan mediante procesos especializados; muchas de ellas se identifican como arcillas orgánicas. Dentro de este grupo, algunas han demostrado su eficacia en ensayos experimentales contra micotoxinas difíciles de capturar, como la ZEA, así como la toxina T-2 y la FUM. 

Los productos que contienen bacterias, paredes celulares de levadura, enzimas y/o algas se combinan frecuentemente con arcillas. Algunos fabricantes afirman que los microorganismos presentes pueden metabolizar las micotoxinas y convertirlas en metabolitos menos tóxicos. 

¿Cómo evaluar los aglutinantes de micotoxinas? 

Teniendo en cuenta la gran cantidad de productos disponibles en el mercado mundial, los siguientes son factores clave a tener en cuenta antes de decidir qué aditivo utilizar. 

1. Prueba in vitro 

Prueba preliminar y, esencialmente, medida de control de calidad. Si una arcilla funciona in vitro, no significa que funcione in vivo. La prueba consiste en determinar la capacidad de adsorción de un producto frente a diferentes micotoxinas utilizando HPLC a dos niveles de pH (3,0 y 6,0), simulando las condiciones del tracto gastrointestinal. En ningún caso la decisión sobre qué producto utilizar debe basarse únicamente en pruebas in vitro, sino que siempre debe ir acompañada de pruebas en animales. La tasa de inclusión recomendada en el pienso debe ser la misma que la utilizada en esta prueba. 

2. Prueba in vivo 

Al realizar este tipo de prueba, es necesario medir el rendimiento (ganancia de peso corporal, ingesta de pienso, conversión alimenticia y protección de los órganos diana). Por ejemplo, si se mide la eficacia de un producto contra la aflatoxina, debe cuantificarse su efecto sobre el hígado. Si se evalúa un producto contra la toxina T-2, debe evaluarse el efecto del aditivo anti-micotoxinas sobre las lesiones orales. Aunque la toxina T-2 causa daños por contacto directo debido a su causticidad cuando se ingiere, un aditivo eficaz reducirá el grado de lesiones orales gracias a su capacidad de adsorción en los intestinos. Algunas micotoxinas, como el FUM, no causan daños macroscópicos en el hígado de los pollos, por lo que es necesario medir biomarcadores como la esfingosina y la esfinganina, que se producen por el efecto tóxico del FUM sobre el metabolismo de los esfingolípidos en la sangre. La dosis recomendada en condiciones comerciales debe ser igual o similar a la probada in vivo. Al evaluar los aditivos que contienen sustancias que actúan como promotores del crecimiento (levaduras, enzimas, estimulantes inmunitarios), su eficacia no debe basarse únicamente en resultados de rendimiento favorables. 

3. Detección de marcadores/metabolitos en sangre 

Esta herramienta permite comprobar si un aditivo anti- micotoxinas funciona correctamente una vez que se ha incluido en la dieta. Cada semana, examine al menos entre 200 y 300 aves en el matadero, buscando lesiones asociadas a micotoxinas en las canales. Para respaldar aún más esta evaluación, lo ideal es enviar periódicamente muestras de tejido fijadas en formalina para su evaluación histopatológica. 

4. Identificación de lesiones en los mataderos 

This tool demonstrates whether an anti-mycotoxin additive is working properly once it has been included in the diet. Every week, examine at least 200 to 300 birds at the slaughterhouse, looking for mycotoxin-associated lesions in the carcasses. To further support this evaluation, it is ideal to periodically submit formalin-fixed tissue samples for histopathological assessment. 

Conclusión 

Es fundamental determinar qué tipo de micotoxinas están afectando a las aves para decidir qué aglutinante incluir en el pienso. Una vez seleccionado un aditivo anti -micotoxinas, las evaluaciones del matadero proporcionarán información fundamental sobre la eficacia del producto elegido. 

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Marc Intven
Sales Manager